Extreme-G combina la velocidad vertiginosa de las motos futuristas con combate entre corredores, en la línea de F-Zero pero con un tono más agresivo, apuntando directo a los fans de la acción vehicular sin freno que abundaban en el catálogo temprano de N64.
Su éxito le valió una secuela poco después, y hoy se lo recuerda como uno de los representantes más sólidos del subgénero de carreras futuristas con armas en la consola.
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