Este título presenta el aprendizaje del shogi a través de un personaje entrañable, un abuelo que reta al jugador y comenta sus partidas con un tono cercano, en lugar de un motor frío de reglas. La dificultad está calibrada para quien recién se inicia en el juego de mesa, con explicaciones paso a paso de aperturas y tácticas básicas.
Es uno de tantos juegos de shogi de bajo perfil que pobló el catálogo japonés de la DS; su valor está en la interfaz amigable más que en la profundidad estratégica, que de todos modos no le falta al juego de base.

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