Traslada el espíritu absurdo de la película a partidos de ping pong contra personajes excéntricos, usando el lápiz táctil para simular los golpes de paleta sobre la pantalla. Como casi toda licencia cinematográfica de bajo presupuesto de la época, es un producto menor pensado para acompañar el estreno más que para perdurar como juego deportivo de referencia.
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