Phantom Hourglass retoma directamente al Link de The Wind Waker y lo lanza a una aventura de navegación entre islas, mazmorras y el temido Templo del Viento Fantasma, con un esquema de control pensado enteramente para el stylus: tocar para moverse, dibujar líneas para atacar, escribir notas directamente en el mapa de las mazmorras. Es una de las piezas que mejor entendió qué podía ofrecer la DS que ninguna otra Zelda anterior había ofrecido, con un diseño de interfaz que todavía hoy se cita como ejemplo de cómo pensar un juego para pantalla táctil sin traicionar la identidad de una saga de veinte años.
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