Noventa y ocho juegos: cifra calculadamente cercana al cien, con esa modestia de vitrina que caracterizaba a los ensambladores más astutos del rubro. El contenido real, como siempre, combina catálogo genuino con variantes de contabilidad creativa. Documento clásico del ecosistema famiclone y de su inagotable imaginación comercial.

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