Tercera entrega de la saga apócrifa: los talleres piratas asiáticos, con Hummer Team como sospechoso habitual del género, siguieron exprimiendo la marca Aladdin en plataformas de manufactura sorprendentemente competente. Alfombras, cimitarras y música de oído. El mercado gris no conocía el concepto de franquicia cerrada: solo demanda insatisfecha.

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