El plataformas surrealista de Takara sobre un príncipe banana llegó a Occidente por la puerta más rara: localizado únicamente al alemán, con concursos de preguntas incluidos. Niveles imaginativos, humor vegetal y esa anomalía editorial que lo volvió leyenda. Ninguna otra fruta real tuvo distribución tan caprichosamente selectiva.
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