Tercera entrega de la saga de Jaleco, que mantuvo su sello de identidad: la cámara detrás del lanzador y el ritmo de retransmisión televisiva. Añade modos y pulido sobre la fórmula conocida sin reinventarla. Para 1991 competía en un género saturadísimo, pero su base de seguidores le mantuvo la fidelidad.
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