Adaptación occidental del bárbaro de Robert E. Howard que llegó a NES con más músculo en la portada que en el cartucho: control resbaladizo, saltos traicioneros y un Conan sorprendentemente frágil. La crítica lo destrozó y el tiempo no lo rehabilitó. Interesante hoy como caso de estudio de licencias literarias mal servidas en la era dorada de la consola.
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