Ocean adaptó el antihéroe de Sam Raimi con una estructura curiosa: fotografiar rostros de mafiosos para fabricar máscaras y luego infiltrarse, alternando plataformas de acción con secciones contrarreloj. La ejecución es irregular y la dificultad amarga, pero la fidelidad temática al científico desfigurado es real. Tie-in noventero con más ideas que pulido, como tantos de Ocean.
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