Pionero del action-RPG en NES y también uno de sus villanos favoritos: el príncipe Myer quema torres malditas en un mundo laberíntico de dificultad legendaria, mazmorras invisibles y espadas que parecen palillos. Odiado por generaciones de jugadores y reivindicado por arqueólogos del género: llegó antes que casi todos, y esa audacia también cuenta.
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