Softbol de culto (Broderbund, 1990) cuya gracia no está en las estadísticas sino en el elenco: sesenta personajes con nombre, personalidad y habilidades absurdas —velocistas, ancianos mañosos, niños con brazo de cañón— para armar el equipo a gusto. Campos con obstáculos y espíritu de picado de barrio. El deportivo más simpático que casi nadie jugó.
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