Continuación en clave germánica de la broma velocista: el erizo apócrifo suma a un tal señor Pimponen y el título entero suena a doblaje imposible. La escena homebrew disfruta estas capas de parodia sobre parodia, donde el chiste es tan importante como el juego. Correr, saltar y reírse del propio contrabando: cultura Famiclone autoconsciente.

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