Arcade de guerra alimentaria en la estela del clásico de salón: cruzar la pantalla hacia el cono de helado mientras chefs furiosos bombardean con verduras, devolviendo fuego con lo que haya en el suelo. Caos comestible, partidas de un minuto y esa lógica de comedia física que el arcade temprano dominaba. Diversión pegajosa garantizada.

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