Para la segunda entrega, Bandai mudó a Kitarou al terreno del RPG: mapas por explorar, combates contra el ejército youkai y aliados del manga de Mizuki reclutables para la causa. Menos arcade, más aventura espiritista, con la mitología japonesa como enciclopedia jugable. Rareza que nunca salió de Japón y que anticipa el apetito moderno por los yokai.

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