Nintendo destiló el hockey a una decisión genial: armar equipo con jugadores flacos y veloces, medianos equilibrados o gordos que arrasan pero patinan como refrigeradores. Esa alquimia táctica convirtió un deportivo sencillo en clásico eterno de duelos caseros. Pocas alineaciones han generado tanto debate como el cuatro-gordos contra cuatro-flacos.
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