Producción de la órbita doujin japonesa protagonizada por un cuervo con más picardía que modales. La escena independiente nipona lleva años fabricando juegos nuevos para Famicom, muchas veces en inglés para viajar mejor. Piezas pequeñas, personales, hechas por el placer de programar la consola: exactamente el espíritu con que nació este hardware hace cuarenta años.

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