Joya japonesa de 1992 famosa por su animación rotoscópica: el joven Ricky se mueve con una fluidez que parece de otra máquina, en una aventura gótica de vampiros y cristales lunares. Escenas intermedias cuidadas, plataformas precisas y dirección de arte exquisita. Nunca salió de Japón y hoy es uno de los cartuchos más codiciados del sistema.

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