Rareza americana de 1992: un programador se adentra en un mundo digital infectado para limpiar el virus rociando código sano, literalmente repintando el escenario. La premisa ciberespacial, entre Tron y el pánico informático de la época, sostiene un arcade extraño y único en el catálogo. Curiosidad conceptual que merece más conversación de la que recibe.
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