El cierre de la trilogía de Ryu Hayabusa llegó en 1991 con ciencia ficción, dobles malvados y la versión americana más cruel: daño duplicado y continuaciones limitadas respecto a la japonesa. Niveles de diseño brillante bajo una dificultad que roza lo punitivo. Los fans discuten su lugar en la saga; nadie discute su factura técnica impecable.
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