Segunda entrega de una saga que solo Japón podía producir: máquinas tragamonedas convertidas en misterio detectivesco. Sorotta-kun y su pandilla investigan casos entre salones de pachislot, alternando diálogos con sesiones de rodillos donde hay que clavar el timing. Un híbrido curioso de simulador y aventura que documenta la obsesión ochentera japonesa por el azar mecanizado.

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