Quinta entrega japonesa, construida sobre una intriga: Blues, el hermano errante, aparece como aparente villano. La trampa del subtítulo se resuelve al estilo Capcom, con letras coleccionables que despiertan a Beat, ave robótica de rescate. Niveles con gravedad invertida y vehículos acuáticos demuestran que en 1992 la Famicom todavía tenía músculo de sobra.

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