Rareza pedagógica japonesa: sistema educativo que conectaba el Famicom con lecciones distribuidas en cintas, convirtiendo la consola en tutor doméstico. Ejercicios escolares, seguimiento de estudio y una visión de la máquina como herramienta seria, no juguete. Documento perfecto de cómo Japón imaginó el futuro del aprendizaje en los ochenta: con cartuchos y casetes.
