El juego que debía justificar el Power Glove: raquetbol espacial en túneles tridimensionales donde la mano del jugador golpea, atrapa y lanza esferas contra muros de bloques. Desarrollado por Rare, funciona incluso con control tradicional, herejía que salvó al cartucho. Curiosidad periférica mayor: el eco jugable del accesorio más mitificado y menos comprendido de la consola.
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