Grand Slam se suma al pelotón de simuladores de tenis genéricos que PS1 produjo sin licencias de tenistas reales, apostando por la jugabilidad directa sobre el reconocimiento de marca. Un género modesto pero constante durante toda la generación, que convivió con propuestas con estrellas licenciadas y sobrevivió gracias a ciclos de desarrollo más baratos y a un público que solo quería jugar un partido rápido.
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