Tercer volumen de la serie de videojuegos de preguntas basados en Gute Zeiten, schlechte Zeiten, evidencia de que el formato de trivia televisiva encontró suficiente público como para sostener varias entregas consecutivas en PS1. Un caso de estudio sobre cómo la televisión diaria alemana generaba productos derivados de bajo riesgo comercial, aprovechando una audiencia fiel que consumía el culebrón desde hacía años.

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