Este segundo volumen de la serie Pachinko Graffiti confirma la lógica editorial del género en Japón: cada nueva generación de máquinas físicas de Heiwa recibía tarde o temprano su versión digital para PS1. Son productos de nicho absoluto, pensados para aficionados que seguían de cerca los modelos de sala, con escasa o nula intención de trascender fuera del público pachinkero japonés.

Si te gustó este