Rollcage Stage II acelera aún más la fórmula de su predecesora, con vehículos todavía más rápidos, nuevos circuitos y un arsenal ofensivo ampliado para los enfrentamientos entre competidores. Una secuela que profundizó en la identidad futurista y frenética que distinguió a la saga del resto de juegos de carreras de la consola.
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