Uno de los grandes gestos de la PlayStation japonesa: un juego de dirección orquestal que se vendía acompañado de una batuta física con la que marcabas el tempo del repertorio clásico. Coloca al jugador frente a la orquesta, no frente a un enemigo. Es el tipo de idea que solo aquel mercado se atrevía a financiar, y jamás salió del archipiélago.

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