La tercera entrega introdujo el revert, la pieza que faltaba para encadenar combos prácticamente eternos, y esta conversión a PlayStation es una hazaña de compresión: un juego pensado para la nueva generación metido a la fuerza en una consola de 1994. Se recortaron escenarios y detalle gráfico, pero el tacto del mando sobrevivió casi intacto.
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