Killzone marcó el debut de Guerrilla Games -el mismo estudio que años antes había hecho ShellShock: Nam '67- en un shooter en primera persona ambientado en un conflicto de ciencia ficción entre la ISA y los Helghast, una facción enemiga de estética marcadamente fascista que se convertiría en la seña de identidad visual de la saga. Sony lo promocionó fuerte como su respuesta directa al fenómeno Halo de Microsoft.
Aunque las comparaciones con el gigante de Xbox pesaron sobre su recepción inicial, Killzone sentó las bases de una franquicia que terminaría de encontrar su identidad propia en generaciones posteriores, con Guerrilla Games consolidándose como uno de los estudios de primera parte más importantes de PlayStation.
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