Otro enigma del catálogo japonés: título que apenas dejó huella en revistas y registros de la época, sin reediciones ni traducciones que lo rescataran. Su oscuridad es precisamente su atractivo para los arqueólogos del Super Famicom, que coleccionan estos silencios como otros coleccionan portadas doradas. Misterio en estado de cartucho.

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