Secuela del plataformas de la masilla azul: Putty vuelve a estirarse, absorber y aplastarse, ahora en misión de rescate de sus congéneres. Su distribución europea fue tan limitada que el juego rozó la condición de mito, alimentando décadas de leyendas entre coleccionistas. La criatura elástica de los ordenadores británicos, convertida en pieza esquiva.
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