Tercera entrega japonesa del solitario Shanghai, que pule la receta: retirar parejas de fichas libres hasta desmantelar estructuras cada vez más retorcidas. Nuevos diseños, disposiciones y opciones de ayuda modernizan un pasatiempo que ya era veterano de salones y ordenadores. Sin sorpresas y sin necesitarlas: relojería zen para tardes largas.

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