Blades of Steel tomó el hockey y lo llevó al extremo arcade: patinaje veloz, disparos exagerados y peleas a los puños como parte integral de las reglas, no como penalidad marginal. Ese equilibrio entre deporte y espectáculo lo convirtió en una referencia inmediata del género y en una de las razones por las que Konami se ganó reputación en deportivos.
Sigue jugándose bien hoy: los controles responden con precisión, los partidos son cortos e intensos, y esa mezcla de hockey y pelea callejera resume perfecto la filosofía del arcade de salón de los ochenta.

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