Borench es uno de esos nombres que sobreviven casi exclusivamente en los catálogos de preservación de placas arcade, sin la cobertura de prensa ni el recuerdo colectivo que sí tuvieron sus contemporáneos más exitosos. Su nombre y su región de origen sugieren una producción de circulación acotada, probablemente pensada para un segmento muy específico del mercado de salones. Como tantos otros títulos menores de la era dorada del arcade, su valor hoy es sobre todo documental: un recordatorio de que por cada gran éxito hubo decenas de juegos que nacieron y murieron casi sin dejar rastro.
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