Bubble Bobble propone un diseño de pantalla fija que se volvió fórmula: soplar burbujas para atrapar enemigos, reventarlas para eliminarlos y subir nivel a nivel una torre repleta de secretos y power-ups escondidos. Su cooperativo de dos jugadores y su estética tierna, muy alejada de la violencia habitual del arcade, lo hicieron un éxito transversal.
Es uno de los pilares del catálogo de Taito y una referencia obligada del género: inspiró decenas de imitadores y sigue siendo, décadas después, uno de los cooperativos más queridos de la historia del salón recreativo.

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