Space Invaders propone el enfrentamiento más elemental posible: una batería fija se desplaza en la parte baja de la pantalla disparando contra una formación de alienígenas que desciende de a filas, acelerando su avance a medida que quedan menos enemigos con vida. Esa simpleza escondía una tensión creciente perfectamente calibrada, y su éxito comercial fue tan desmedido que cambió por completo la magnitud que podía alcanzar la industria del arcade.
Es, sin exagerar, uno de los puntos de partida de la industria del videojuego tal como se la conoce: estableció el molde del shooter de formación que después replicarían Galaxian, Galaga y decenas de clones, y su legado cultural excede largamente al medio, presente hoy en el imaginario popular de cualquier persona que jamás haya tocado un joystick.
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