Encarna la etapa más austera del catálogo de Atari, cuando la consola todavía dependía de conversiones directas de juegos de mesa y casino para completar su oferta de lanzamiento: reglas estándar de blackjack, apuestas simuladas y un dealer que sigue el guion clásico de plantarse en diecisiete. No hay ninguna vuelta de tuerca gráfica que lo distinga; su interés pasa por ser parte de la generación fundacional del formato cartucho.
Hoy funciona como pieza de museo más que como alternativa real a jugar veintiuno con cartas de verdad, pero documenta bien qué tipo de software se creía necesario para justificar la compra de una consola en 1977.

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