Con un nombre tan abierto como Desafío, es difícil rastrear con certeza a qué sistema o género pertenece sin caer en la especulación. Es representativo de una era en que muchos publishers bautizaban sus juegos con palabras genéricas antes que con marcas memorables, apostando más al empaque que a la identidad. Se mantiene como una de las piezas menos documentadas de su generación.

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