Crazy Climber (1980) obliga a mover dos palancas -una por cada brazo del escalador- para trepar edificios esquivando ventanas que se cierran, macetas que caen y hasta un gorila gigante en las alturas, en un esquema de control único para su época. Es uno de los diseños más originales del arcade de comienzos de los 80, y esa rareza en los controles sigue siendo su mayor atractivo hoy: pocos juegos se sienten igual de raros y satisfactorios de dominar.

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