Doctor Boris! llega con diagnóstico enfático -ese signo de exclamación- y ninguna historia clínica: el catálogo no conserva créditos, año ni descripción confiable de qué hacía exactamente este doctor de nombre eslavo. Los personajes con título profesional fueron un recurso clásico del software casero para fabricar mascota instantánea.
Queda archivado entre las curiosidades del fondo Atari, con la sospecha simpática de que detrás hubo humor: nadie bautiza «¡Doctor Boris!» a un programa solemne. Otro pequeño enigma que sobrevivió a su propia partida de nacimiento.
Este sistema todavía no corre en el navegador (Dreamcast, GameCube, PS2 y Xbox vienen en camino a medida que la emulación web madure). La ficha, los medios y la comunidad ya son todos tuyos.

Si te gustó este