Donkey Kong, programado por Garry Kitchen para Coleco, adapta el arcade de Nintendo a la 2600 con apenas dos de los cuatro escenarios originales -barriles y ascensores, sin las cintas transportadoras ni los remaches finales-, una reducción que generó durante años la teoría de que Coleco lo había hecho a propósito para que su propia versión de ColecoVision luciera superior. El propio Kitchen desmintió esa leyenda: tuvo apenas tres o cuatro meses de plazo y debió trabajar con un cartucho de 4K en lugar de uno de 8K por decisión de costos de Coleco. Aun con esas limitaciones, la conversión fue un éxito comercial enorme y ayudó a instalar a Donkey Kong como un nombre familiar en los hogares que no tenían un arcade cerca; hoy se lo recuerda tanto por su jugabilidad sólida como por la controversia -ya aclarada- sobre sus niveles faltantes.

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