Adaptación para Game Boy de la familia de Piedradura, publicada por Taito, que lleva a Pedro a una isla del tesoro poblada de enemigos prehistóricos. El juego apuesta por un plataformas clásico de avance lateral, con saltos, objetos arrojadizos y un dibujo que reconoce enseguida a los personajes de Hanna-Barbera incluso en cuatro tonos de gris.
Es un título de licencia sin grandes ambiciones, pero honesto: sabe qué quiere ser y lo cumple en sesiones cortas. Hoy funciona como una cápsula de época, el retrato de un momento en que cada caricatura de televisión tenía su versión de bolsillo, y de los mejores lugares para ver cómo se resolvía ese encargo con oficio.
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