Fortified Zone pone al jugador al mando de uno de dos comandos, Beat o Andy, en una serie de bases enemigas repletas de soldados y jefes mecánicos, con power-ups de armas que cambian el ritmo del avance. Jaleco apostó por una estructura no lineal, con llaves y objetos que condicionan el orden de las zonas, algo poco común en el género para la época. Es un título que envejeció bien dentro de la acción de disparos de Game Boy: compacto, exigente y con personalidad propia frente a la avalancha de clones de Contra que pobló la consola. Vale la pena para quien busque algo más que el reflejo automático de correr y disparar.
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