La secuela espiritual de Mario Land invirtió la moral del plataformas: aquí no salvas princesas, acumulas tesoro. Wario embiste, aplasta y saquea con sombreros de poder, y el juego lleva la contabilidad: el final cambia según cuántas monedas y tesoros juntes, desde una casita de pájaro hasta un planeta propio. Esa codicia como sistema de juego definió la identidad de la saga Wario Land completa.
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