Traslada el universo de Bella Sara -caballos con poderes mágicos ligados a la naturaleza- a un juego de cuidado, exploración y minijuegos, dirigido al público infantil que coleccionaba las cartas originales. Es un ejemplo más del vínculo estrecho entre coleccionables físicos y videojuegos que la DS supo capitalizar, sobre todo en el segmento de juegos pensados para chicas.
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