Con la imagen del personaje de dibujos animados de los años treinta como gancho nostálgico, el juego pone al jugador a atender mesas, tomar pedidos y servir en un restaurante que se vuelve cada vez más caótico, en la línea de los tantos 'time management' que la DS popularizó a partir del éxito de Diner Dash. Es un ejemplo de cómo licencias de otra época —en este caso, un ícono de la animación estadounidense de preguerra— podían reciclarse en un género completamente distinto al que las hizo famosas, buscando un público nostálgico adulto.
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