Con una estética tierna orientada a un público bien chico, propone preparar y vender golosinas —tortas, caramelos, helados— desde un carrito ambulante, con el stylus haciendo las veces de las manos del pastelero virtual. Se ubica en la misma familia que Cooking Mama pero con una vuelta de tuerca más lúdica que realista, apoyada en el personaje mascota que le da nombre al juego.
Quedó circunscripto al mercado japonés y hoy es una pieza menor del catálogo de simuladores de cocina infantiles que la DS acumuló en cantidad.

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