Esta adaptación de DS retoma la premisa de la edición de sobremesa: carreras ilegales nocturnas para reconquistar el control de distintos barrios de la ciudad, con personalización de autos y un ritmo de conducción arcade pensado para partidas ágiles.
Como suele ocurrir con las versiones portátiles de los grandes Need for Speed de la época, resigna buena parte del despliegue visual y la escala de las ediciones de PlayStation 2 y Xbox, pero mantiene el gancho central de la marca: velocidad ilegal y estética tuning nocturna.
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